Pueblos en Camino: tejer resistencia desde el territorio

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Autores: Gianpaolo Contestabile y Simone Scaffidi
Entrevistado: Manuel Rozental de Pueblos en Camino


¿Cómo y cuándo nació Pueblos en Camino?

En el exilio, con otros compañeros colombianos, nos dimos cuenta que en la narración mediática colombiana existía exclusivamente como un país en guerra entre insurgencia armada – prevalentemente ELN y FARC – y el Estado colombiano respaldado por Estados Unidos. No había nada más, esto era Colombia. Colombia era la guerra. Entonces empezamos a trabajar con las que llamamos luchas populares invisibles, que en Colombia hay mucho más que los conflictos armados entre insurgencia y Estado. Hay que considerar que en Colombia la guerra es el resultado de otra guerra relacionada con la injusticia social que ha terminado excluyendo los que supuestamente iba a representar y que quería liberar.

Nos concentramos en las capacidades de los pueblos en lucha – en particular en el norte del Cauca – de tejer redes de comunicación, recoger y multiplicar la palabra de la gente, comprender los contextos, informarse, reflexionar sobre ellos y reapropiarse desde las comunidades de los procesos de toma de decisión y de acción. Nos dimos cuenta que hacía falta fomentar el tejido de resistencia y autonomía entre pueblos y procesos en Colombia y no solo. Desde ahí empieza Pueblos en Camino, empezamos a hacer esta tarea en torno de los procesos, empezamos a escucharnos, compartir e intercambiar, y hacer otras actividades para fomentar este tejido de resistencia y autonomía.

 

¿Cómo se debe interpretar esta nueva ola de violencia que está sacudiendo al pueblo colombiano?

Lo que estamos viviendo ahora es un experimento de una nueva fase del capitalismo o incluso de una fase que supera el capitalismo y va hacia algo potencialmente peor. Hay un espectro de agresión desde el capitalismo global y local que va desde lo liberal a lo neoliberal, y que pretende convertirlo todo en negocio, comercializarlo y abrirlo a los intereses de las transnacionales, del sector financiero y del extractivismo, y al otro extremo de este mismo espectro está el modelo capitalista fascista mafioso que pretende hacer lo mismo pero a punta de fuerza y guerra, eliminando todo lo que le estorbe y quedándose con los territorios, con el trabajo de la gente y con la naturaleza para acumular ganancias.

Este es el espectro grande que está siendo representado desde y en el Estado colombiano por las élites con sus vínculos con las transnacionales, con el Pentágono y con el gran capital nacional y global. El otro lado de esta ecuación – aunque están más debilitadas desde la firma de los Acuerdos de Paz – son las autonomías que se han convertido en verdaderas amenazas a la estructura estatal y al capital, cuestionando de forma concreta sus mismas existencias. Por el Estado – que lo único que hace es administrar lo que no es de él, robárselo, para someter a los pueblos, acumular ganancias e intereses económicos del capital – se trata sin duda de un fracaso.

Los pueblos terminan peor con la presencia del Estado, entonces distintas iniciativas populares en Colombia, y no solo, empiezan a llamar a la construcción de autonomía y de resistencia desde territorios concretos y llaman a tejer autonomía entre los pueblos, reconociendo que el modelo económico es el problema, que la guerra sirve a este modelo económico, que las leyes son en contra de los pueblos y para estas ganancias, que el Estado no cumple con lo acordado y con lo que han ganado los pueblos a fuerza de lucha, y finalmente que hace falta tejido de y desde los pueblos y de una agenda que deje atrás los Estados. Es frente a esto que se lanza una ofensiva para arrasar con los pueblos. De una parte de esta ofensiva está la paz liberal que se firma con la insurgencia armada y por el otro lado está Álvaro Uribe Vélez que representa el narco estado paramilitar de guerra total que acumula ganancias enormes a consta de despojar pueblos y territorios cometiendo masacres.

 

¿Hay un vínculo entre los escándalos judiciales que están afectando el sistema de poder del Centro Democratico y el agudizarse de la violencia contra de la población?

Uribe es la personificación del modelo fascista mafioso, él lo representa y hace parte de este modelo, es su principal impulsor en Colombia y está tejido a toda una red que promueve esta estrategia en todo el continente. Uno de los procesos contra Álvaro Uribe Vélez, que empezó hace 8 años, lo que lo tuvo supuestamente como prisionero, empezó porque se demostró una vez más que Uribe Vélez estableció estructuras paramilitares que están vinculadas con el ejército de Colombia, que cometieron una gran cantidad de masacres, que están vinculadas con el narcotráfico y que generan toda clase de corrupción hasta dentro el poder del Estado.

Es decir todo el aparato que se apropia de fincas y territorios, que se dedica a producir cocaína, a transformarla y exportarla, a crear, con la excusa de la guerra a las FARC, grupos paramilitares que son estructuras narcotraficantes gigantescas, y apropiarse de los partidos políticos y de las elecciones. Es decir que logran cabalgar simultáneamente lo ilegal y lo legal y crear una masiva generación de ganancia y una transferencia de valor hacia el Norte. Todo ese modelo se pone en riesgo en el momento en que, aparentemente, finalmente Uribe Vélez podría ser juzgado. Ni siquiera empezó a ser juzgado por este tipo de crímenes, los cuales ya están expuestos en toda parte y se conocen, que el sistema judicial ya no puede proceder porque este aparato lo controla a fuerza de amenazas, masacres, obstrucción de la justicia y compra de jueces.

Pero Uribe Vélez también controla el ejecutivo, desde hace años, y controla todo el legislativo, toda la producción de leyes. No Uribe en persona sino todo este aparato narco que él personifica. Entonces en el momento preciso en el que Uribe podría ser juzgado, como toda esta estructura siente que hay una amenaza empiezan las masacres y los asesinatos selectivos de más de 1000 líderes sociales que se han cometido desde la firma del acuerdo de paz.

Yo les digo contundentemente que la respuesta a su pregunta es un sí absoluto. Si uno trata de entender las masacres que suceden en distintos puntos del territorio nacional tratando de explicar quiénes las cometen cae en la trampa que le pone a uno el establishment de estar buscando autores particulares, pero cuando uno se pregunta quiénes son los beneficiarios de esta violencia entonces queda absolutamente claro. Matar jóvenes, cometer masacres a diarios, es un mecanismo para generar terror en la población y convocar a la fuerza pública. Mientras más fuerza pública haya en los territorios habrá también más paramilitares, más narcos, más masacres, y nadie puede tener ni la información ni la capacidad para cometer este tipo de acciones si no es la fuerza pública vinculada con militares y paramilitares y con el narcotráfico. Entonces lo que hay es un plan integral mafioso fascista para someter a fuerza del terror todo el territorio nacional, particularmente las regiones donde hay mayores recursos, pero los enemigos principales son, como les decía antes, los procesos en donde se podría estar generando autonomía de y desde los pueblos.

 

¿Cuáles son las fuerzas populares que resisten a este proceso de violencia y exterminio?

El proceso de paz y esta guerra integral que acabo de describir han tenido un efecto muy dañino sobre los pueblos y los procesos. Desde los años ochenta-noventa y hasta el 2018 más o menos, la lucha social en Colombia empieza a desplazarse un poco de los aparatos, de los partidos políticos, de los sindicatos, y sobretodo deja de girar entorno del Estado. La lucha social en Colombia ha sido estado-céntrica, la gente se ha movilizado tradicionalmente a pedirle al Estado salud, educación, justicia. Inclusive las insurgencias armadas han querido tomarse el poder del Estado, porque ellas también de alguna forma son estado-céntricas.

Lo que empieza a pasar en los años ochenta-noventa, particularmente desde el movimiento indigena y especificamente con mayor fuerza desde el Cauca, es que los pueblos empiezan a decir al Estado: usted no es la solución, usted es el problema, no importa quien entre al poder y quienes esté al gobierno, aunque sea uno de nosotros, la estructura estatal es patriarcal, es capitalista, es extractiva y no permite sino eso. Empieza así a verse algo parecido con los gobiernos progresistas en Bolivia, Nicaragua, Venezuela, se empieza a ver que estos gobiernos tienen un discurso liberador y de izquierda pero tienen un práctica absolutamente neoliberal y que no logra salir de este mismo espectro.

Entonces empieza a aparecer aquí una agenda de ideas de los pueblos, que es lo que empieza a pasar también en Bolivia en las bases, en Ecuador en las bases, es como una fuerza gigantesca que se llamó las Mingas de resistencia comunitarias y sociales desde los pueblos indígenas del Cauca, los cuales salieron con una agenda a decirle al resto de Colombia: tenemos que dejar atrás la institucionalidad del Estado, tenemos que construir desde los pueblos una agenda nuestra. Ahí nace por ejemplo la propuesta del Congreso de los Pueblos, que nace desde una Minga que decía que el modelo es el problema, las leyes las tienen que hacer los pueblos, no las puede seguir haciendo el Estado, el terror es instrumento de despojo al servicio del modelo económico y a los Estados hay que exigirles que cumplan con lo que hemos ganado, y sobretodo tenemos que hacer una mochila de unidades, tejer entre los pueblos un país distinto.

Este es el clímax del proceso autonómico en este país y tiene una fuerza impresionante, y marcha durante el gobierno de Uribe y lo desafía planteando cinco puntos de agenda y lo obligan con todos sus ministros a una reunion en territorio indigena, con la guardia indigena vigilándolos y transmitido por televisión a todo el país. La gente ve que Uribe, el Estado y el gobierno no pueden responder a esta agenda. Luego los pueblos tenemos que construir la nuestra. Entonces hay una reacción frente a esto, y la reacción es la segunda fase del Plan Colombia diseñada desde el Pentágono y los Estados Unidos, con el poder económico de este país, y tiene como objetivo enfocarse contra los movimientos autonomistas y en particular el movimiento indigena. Se ve entonces un espectro de acciones, una por ejemplo es llenar de marihuana y de coca, meter los territorios indígenas en el narcotráfico sin atacarlos, sin tocarlos y promoviendo que se llenen de dinero, esto corrompe profundamente y divide al movimiento indigena, llegando al punto que estamos viviendo hoy que ese mismo territorio donde nace toda esta fuerza está dividido entre quienes están dedicados al narcotráfico involucrando muchas de las autoridades y quienes, por preservar la lucha por la autonomía, no se han metido en este negocio, y ya unos y otros se están confrontando en nombre de grupos armados.

La militarización de estos territorios se permite con la excusa y el pretexto de que allí están entrando narcotraficantes. La paramilitarización y luego el incumplimento de los Acuerdos de paz han convertido a las llamadas disidencias de las Farc en enormes ejércitos de narcotráfico que se confrontan entre sí por los territorios. Entonces los movimientos autonomistas terminan de una parte negociando con el Estado plata para proyectos económicos, y se burocratiza por arriba. De otra parte llega la plata del narcotráfico y se meten en un conflicto militar-paramilitar del que participan por la ganancia del narco y pierden la autonomía. Todo eso contribuye al debilitamiento de las autonomías que es el efecto que estamos viendo hoy, o sea la consecuencia de una segunda fase del Plan Colombia para debilitar y destruir el tejido de autonomía entre los pueblos.

Sin embargo en este contexto hay distintos procesos que mantienen la lucha autonómica pero hay que reconocer que toda estas agresiones, masacres, asesinatos selectivos y la firma de esos Acuerdos de paz tenían el propósito directo y abierto – yo creo que nadie puede refutar esto hoy en día – de desmovilizar las FARC para atacar abiertamente y directamente a los movimientos sociales y poder tomarse los territorios, la riqueza, los recursos, que no habían podido capturar con la presencia de las FARC.

Esto es un contexto triste pero esta es la realidad que estamos viviendo ahora. El gobierno Santos representaba el lado neoliberal de estos acuerdos, pero la función de Santos era desmantelar a la insurgencia armada por la vía de la mermelada, comprar a los movimientos sociales con promesas legales de toda clase, por ejemplo a los pueblos indígenas se le prometieron decretos autonómicos. O sea la autonomía que permite el Estado, es decir lo contrario de la autonomía, la autonomía y el Estado son incompatibles, entonces ha significado comprarlos a nombre de la autonomía entregando plata para la educación, para la salud, para proyectos, sometiéndolos a los aparatos estatales, o sea meterlos en el orden neoliberal a cambio de dinero.

Eso era lo que se ofrecía con la paz por un lado, pero por otro lado, el otro objetivo del proceso de paz era fomentar y meter con toda la fuerza el narcotráfico con la militarización, la guerra y el despojo de los territorios y el resultado lo estamos viendo ahora. Los territorios más militarizados de Colombia son los territorios donde hay más narcotráfico, más masacres, y donde los dos siguen aumentando. Es lo mismo que pasa en México, el narcotráfico es una política de Estado transnacional y funciona promoviendo el narco y promoviendo la guerra contra el narco para liberar entre comillas territorios para intereses trasnacionales y fomentar una guerra que es un muy buen negocio.

 

¿Cómo se vinculan estos procesos autonómicos con las grandes movilizaciones que se han producido en las metrópolis en estos años?

Antes del pasado Paro Nacional fue el Paro Agrario durante el gobierno de Santos. El Paro Agrario fue un levantamiento en esencia campesino y lo impresionante entre muchas cosas de este Paro Agrario fue que los campesinos se levantaron en contra del modelo económico, no fue un paro reivindicativo. Esto fue una sorpresa aun para los movimientos autonómicos, inclusive el movimiento indigena llegó tarde al Paro Agrario, fueron los campesinos más conservadores de este país, más de derecha, de las regiones de Boyacá y Nariño, quienes vivieron la experiencia que la economía bajo el libre comercio le daba todos los beneficios a las transnacionales y estaba arruinando la producción de comida y con ello la cultura indígena y campesina. Este modelo estaba acabando con la tierra. Entonces en un país como Colombia mayormente urbanizado con el 70% de la población en las ciudades se asumió que la gente no se iba a levantar. Lo que sucedió fue que tan pronto Santos insulta el Paro, y la gente en las ciudades se dió cuenta que una sola generación anterior éramos todas y todos campesinos o indígenas, o teníamos una relación directa con ellos, entonces la mayor parte de este país se reconoció vinculada a la tierra, no solo como producción de comida sino  también como cultura. Fue un levantamiento que pudo haber tumbado al gobierno de Santos y al establecimiento. Entonces lanzaron la estrategia de represión y la combinaron con la compra de ciertos líderes y las promesas de algunas cosas y con la negociación de paz con las FARC. Todo esto combinado terminó debilitando ese gran levantamiento que vinculó a la gente sorpresivamente con lo único que nos puede sacar de este modelo que es volvernos a tejer con los territorios y con nuestras culturas. Entonces esto es un antecedente importante.

Eso queda, digamos, pendiente y queda debilitado con el proceso de paz, con la desmovilización de las FARC, que termina siendo una trampa a las FARC, con los asesinatos de líderes sociales, con  el referendo por la paz que se pierde porque la gente vota no al acuerdo de paz, manipulada por Uribe y los fascistas y la iglesias cristianas, entonces hay una especie de parálisis. Pero esa parálisis se rompe en el Paro Nacional del año pasado y se rompe en esencia por tres cosas que a todos y a todas nos dan rabia en este país: uno los niveles impresionantes de corrupción a la vista, o sea, se estan robando todo; dos las masacres cometidas desde el Estado por la fuerza publíca en todas partes, no solo líderes sociales, no solo ex combatientes de las FARC, sino los bombardeos y asesinatos de civiles y las masacres que estaban cometiendo y que quedaron a la vista.

Entonces la gente dice que este Estado nos mata, no nos libera. Tercero punto: el paquete de legislación que estaba pasando el Estado que impide por ejemplo a todos los involucrados en corrupción y parapolítica directamente vinculados con escuadrones paramilitares y de la muerte que terminen en la cárcel. El Estado colombiano pasa esta legislación para dar a los políticos envolucrados en el paramilitarismo una segunda oportunidad antes la ley. O sea que si tu te robas una gallina en Colombia y te descubren robándola vas a parar a la cárcel y no tienes vuelta. Pero si tú eres un paramilitar y cometiste masacres, pero también eres miembro del congreso vas a tener una segunda chance. El 60% del congreso de Colombia durante el gobierno Uribe estuvo ocupado por gente que estuvo vinculada con escuadrones de la muerte y con el narcotráfico. Y eso quedó absolutamente demostrado. Pues a esta gente, los ministros de Uribe, y muchos otros, este gobierno le pasa una ley para permitirles que le den una segunda oportunidad, una impunidad, que además les den una recompensa por lo que han sufrido y que puedan volver a la política. Además en Colombia 7 de cada 10 mayores de 65 años no tienen derecho a ninguna pensión pero este gobierno pasa una ley en la que les dice que ahora van a ser 9 de cada 10 y pierden más derechos.

Estaban implementando todo un paquete de legislación tributaria y de guerra, entonces la gente se levanta contra esto, contra la legislación, contra la guerra, contra la destrucción de los territorios, y contra megaproyectos que están acabando con todo el país, además que aquí no tenemos acceso a salud ni a educación porque son negocios para que ganen unos pocos, entonces la gente estalla y sale en un paro que nos enseña dos cosas: una es que todas y todos estamos hartos de este establecimiento pero la segunda es que no tenemos capacidad para construir una agenda propia porque hemos perdido la costumbre de encontrarnos, entonces esto es lo que nos mantiene en la calle movilizados pero no nos permite una agenda para transformar y aquí empiezan las viejas disputas entre las dirigencias de distintos movimientos para tratar de controlar o de sacar ventaja del paro, al  nivel político electoral, y eso debilita el movimiento. Entonces hay de una parte una necesidad grande, sentida de muchísima gente, por construir desde la autonomía por fuera del Estado y una ira y cansancio con toda la institucionalidad. Y por otra parte la tendencia a solucionar los problemas y la ira que tenemos por la vía de la entrada al Estado que nos sigue ganando y nos sigue capturando y ahí estamos.

 

¿Cómo ha influido la firma de los Acuerdos de paz con respecto a estos procesos de resistencia?

La condición del partido legal de las FARC después de la firma de los Acuerdos de paz es una situación catastrófica, la lección la deberíamos aprender de Guatemala porque el modelo que usaron para la negociación y firma de los Acuerdos de paz fue Guatemala, pero mucho peor en términos de muchas menos concesiones y muchas menos aberturas. El acuerdo de paz que se firma con las FARC es un acuerdo que no tiene casi nada de cambio en lo estructural, es decir no garantiza ningún cambio de lo que llevó a la guerra y en lo fundamental que era el primer punto o sea la tierra. Ese es el punto esencial en nuestro país y era evidente que no tenían ningunas fuerzas para realizar esta transformación. Entonces cuando se firman los acuerdos de paz en primer lugar hay una confrontación interna que el Estado se encarga de fomentar entre dirigencias políticas de las FARC.

Hay un sector grande de las FARC que no está de acuerdo con el desarme, y es un sector poderoso por distintas razones, entonces considera traidores a quienes firmaron los acuerdos. Esta es la gente que está con los mandos que están en los Llanos y en la Amazonía y que son unas fuerzas grandes. Luego que se firma el acuerdo de paz el partido FARC dió una demostración de que hacía una lectura equivocada y un poco arrogante de su presencia en el país. Las FARC firman los acuerdos de paz y asumen que puede convertirse de inmediato en un partido político con una fuerza electoral masiva, pero además el trato que le da la población es muy parecido al trato que le dió cuando era una fuerza militar y se arrogaba el derecho de ser los líderes para la transformación del país. La gente le demostró que ni siquiera en términos de votos tenían este poder y no lograron sacar una votación significativa. O sea, el respaldo político electoral a las FARC es muy débil y quedaron en una situación de debilidad tremenda. El discurso del partido FARC es, salvo excepciones, muy débil. Pero se les ataca de una manera violenta, y la forma en que se implementa lo que se acordó es de una parte el incumplimento de los Acuerdos de paz, y de otra parte se les llama bandidos, asesinos, etcétera. Ellos han tenido el valor de reconocer los crímenes de guerra que cometieron, en cambio el Estado y los grandes intereses económicos no reconocen ningunos de sus crímenes y responsabilidades, o sea que es toda una estrategia de persecución y aislamiento que se suma a la condición interna de las FARC que es una pugna por poder y por el afán de consolidar poder dentro del Estado y no de escuchar a los pueblos. Entonces el partido FARC termina en un debilitamiento y en un aislamiento impresionante y en una división que hace que quién encabezó el proceso de paz, como Iván Márquez, termina volviendo a las armas junto con Santrich y forman la nueva Marquetalia y empieza a disputarse el territorio.

Entonces, ahora no sabemos exactamente qué pasa, pero vemos el partido FARC que en este momento es considerado como traidor y considera traidores a los que están en armas todavía. Hay por lo menos tres facciones, dos de los grupos en armas que se confrontan entre sí y el grupo que se desarmó que está en una situación de debilidad en todo el Estado. El proyecto político de los grupos armados no existe, en todas partes las llamadas disidencias de las FARC o los que nunca se desarmaron hablan de la revolución pero no tienen un proyecto revolucionario en los territorios.

En cambio sí hay una cantidad de facciones a nombre de las FARC que tienen toda clase de vínculos con el narcotráfico que se sostienen con el narco, y que intentan someter a la población civil, a los movimientos sociales, y a las autonomías por la vía de la fuerza y de las armas sin legitimidad política, entonces es el peor de los escenarios. Sumemos a eso que muchísimas acciones de terror y de guerra se cometen y se dice que  las cometen las disidencias de las FARC pero no se sabe quien de verdad las comete. Porque en muchos casos ni el ELN ni el EPN ni las disidencias FARC las reivindican, ni se sabe si son ellos o si a nombre de ellos están actuando paramilitares y el Estado, porque los que se benefician de estas acciones son ellos. Es una situación de guerra entre muchos actores y las FARC, en este momento, no cuentan como un actor político importante en gran medida porque los Acuerdos de paz no se han cumplido, se incumplieron y yo creo, esta es una opinión personal, que los incumpliron justamente para crear este escenario de guerra permanente entre los actores de la insurgencia, la colusión con otros actores y con el narco, para legitimar el modelo mafioso fascista de ocupación de territorio a punta de guerra.

Ese es el modelo Colombia, y no es un modelo que los colombianos nos matamos porque así somos, no, es un modelo que se está consolidando también en México, en Guatemala pasa lo mismo, solo que aquí es mucho más visible. Se trata de un estado de guerra permanente que genera ganancias y que al mismo tiempo se financia entorno de una economía mafiosa del narco que recauda y somete al pueblo y el Estado se transforma del neoliberal en un neoliberal mafioso fascista.

 

¿Qué impacto tiene el trabajo de las Ongs y de las Naciones Unidas?

Hay un espectro grandísimo de diferentes organizaciones pero nuestra respuesta es que aún cuando tienen buenas intenciones mucho de este sector Ong es un sector institucional para-estatal, que lo que termina haciendo es desmovilizar procesos a cambio de recursos y proyectos en áreas específicas, o denunciando violaciones de derechos humanos en determinados territorios pero en general sin un análisis y sin una estrategia que permite y fomenta la organización autónoma de los pueblos. En realidad lo que estas estructuras en general hacen es servir a un proceso puntual atendiendo a cierto sectores de ciertos lugares y termina generando que los procesos pierdan autonomía. Hay excepciones a esta regla, pero esta es en general la normalidad. Pero las Ongs cuentan naturalmente con gente comprometida que no encuentran otros espacios para construir alternativas entonces entran a estos sectores. Las Ongs te contratan para lo que has hecho en tus luchas pero cuando estás dentro ¿qué te limita? El recurso económico y la orientación de quien financia que le va a decir no, tú vas a trabajar solo en este sector, solo con esta gente y solo con este alcance. Esas limitaciones rompen las lógicas territoriales autonómicas de pueblos y procesos y terminan dividiendo.

Naciones Unidas entró como organismo multilateral y tiene una presencia gigantesca para la observación del proceso de paz y de la «desmovilización y reinserción» pero como lo ilustra lo que  ha ido siendo visible en torno del caso Mario Paciolla es que al interior de Naciones unidas y todo este proceso de observación hay una cantidad de cosas que limitan la autonomía de los observadores para cumplir con su misión de defender el proceso de paz. Por ejemplo, las cosas que expuso Claudia Juieta Duque en el caso de Mario Paciolla, o sea que hay una persona que fue un alto mando de inteligencia militar que está recibiendo todo los informes secretos internos que Naciones Unidas produce sobre el proceso de desmovilización. Esta persona ha dicho abiertamente que el ejército colombiano debe conocer toda esta información. Entonces hay una cantidad de cosas que no se conocen y que frustran a mucha gente muy buena que está dentro del proceso de Naciones Unidas y que no se pueden exhibir y exponer porque si la ONU abandonara este proceso, ¿con qué se quedaría como protección la gente desmovilizada y el proceso de paz? Entonces es muy muy complicado. Hay muchas Ongs y mucha gente en las Ongs que tiene todo el compromiso con los procesos autonómicos y la construcción del territorio pero en general el sector Ongs termina estando en función de las rupturas de las autonomías y a favor de la denuncia específica de algunas cosas o de la captura de procesos en torno de proyectos y recursos.

Yo estoy planteando algo bien pesimista y bien negativo porque es lo que estamos viendo, pero al mismo tiempo quiero decir que este contexto, y aún más con el contexto de la pandemia, nos está llevando a ver todo este negativo, nos está mostrando algo muy claramente, más que antes, más que nunca. Nos está mostrando en primer lugar que la normalidad en que estábamos en este país es un curso de colisión de catástrofes, de suicidios, de destrucción. Es decir el Estado no nos sirve, las transnacionales nos van a acabar, la política electoral es una catástrofe, todo el mundo está involucrado en narco e iglesia, que reclutan para destruir, entonces la normalidad no sirve y esto está quedando a la vista. Entonces no hay añoranza de volver a lo normal, porque lo normal es una catástrofe. Segundo, se están aprovechando de la pandemia, y con o sin pandemia todo lo que se está dando aquí, incluso las masacres, es un proceso de ajuste estructural entre sectores poderosos nacionales y transnacionales, desde los sectores financieros bancarios, legales e ilegales, como el narco y otros, el capital se  ajusta excluyendo a la gente pobre. Es un proceso de ajuste para eliminar un excedente de capital y quedarse con los territorios y recursos. O sea, que nos están obligando a entender que queremos hacer con nuestros territorios y nuestro país, y quiénes y cómo lo van a hacer. Ese es el segundo. Y a esos dos viene lo esencial, que estamos entendiendo que por la vía del Estado, por la vía de la normalidad y de lo político electoral no hay salida. Nos está haciendo pensar que o tenemos soberanía alimentaria, o protegemos territorios, o nos tejemos desde abajo, o nos aplastan.

Entonces en ese momento todo esto nos está empujando, nos empuja necesariamente a ir saliendo de lo estado-céntrico y a empezar a pensar en construir lo que nos parecía imposible: salud comunitaria, educación colectiva y autonomía territorial. Y entonces ¿qué pasó con la pandemia? En los sitios donde menos ha llegado el virus son los sitios donde la gente cerró los territorios, produjo comida, se protegió, se cuidó entre sí, cambió los sistemas educativos y está construyendo autonomía para protegerse del virus, pero también para protegerse del Estado y del ajuste estructural. Eso, aunque parezca que es un incipiente muy débil, nadie puede saber que tan fuerte es porque está sucediendo en la penumbra, que es donde toda las semillas germinan, las semillas germinan bajo tierra, no a la vista. Y yo estoy absolutamente convencido que no solo en Colombia, sino que también en otros sitios, estamos diciendo: o nuestra autonomía o nos masacran y nos someten. Y creo que ahí estamos pero no tengo manera de saberlo con toda claridad. Soy muy pesimista por todo lo que está pasando con la guerra total y la pandemia; pero por eso soy optimista, porque la muerte no es una alternativa, solo la vida lo es.

 

¿Cómo se inscribe la muerte de Mario Paciolla en este contexto de guerra?

Lo primero que quiero decir es que mucha gente cree que el caso de Mario Paciolla es importante porque es un extranjero mientras que tantas colombianas y colombianos siguen siendo matados y no les ponen tanta atención, pero esto es injusto y es equivocado. Mario Paciolla representa como muy poca gente, estas personas maravillosas, que son muchas, con las que tenemos resonancia desde el corazón y de la vida en todo el mundo, es decir que no creen en la nacionalidad colombiana, italiana, francesa, ecuatoriana, lo que sea, sino que creen que la vida hay que construirla cuidándonos, reconociéndonos, siendo críticas y críticos, unos con otros, y en lo concreto construyendo alternativas de cara a lo que está pasando. Pero, además, desde el corazón desde el sentir, Mario «Poeta» no quiso nunca figurar y reemplazar a la gente con quien trabajó, por el contrario Mario quiso aprender, escuchar, participar, y lo hizo. Es decir, al matar a Mario demuestran y ponen sobre la mesa lo que hay detrás en la perversidad en los asesinatos de líderes sociales y en las masacres de jóvenes. Mario no era un extranjero que nos vino a ayudar, Mario era un compañero que se enamoró de lo que es la gente que busca autonomía, que cree en este territorio y las que han obligado a habitar el olvido. Mario es un habitante del olvido, ahí en este olvido que está lleno de memorias se fué a vivir, y por vivir ahí y creer en eso lo persiguieron, lo marginaron y lo mataron. Mario es nuestra poesía, Mario es nuestra palabra y Mario no es de afuera, así sentimos y vemos a Mario. No es uno que mataron, Mario es uno de nosotros y de nosotras de este mundo que tiene que venir en el que desaparecerán estas barreras que nos distancian. Y él lo representa como tantas y tantos otros que así lo hacen. Duele mucho esta muerte y duele porque justamente el Estado no se atrevía en general a tocar gente extranjera, pero como Mario dejó de ser extranjero, y se hizo territorio, se hizo autonomía, y se hizo paz, entonces lo mataron porque es esto lo que están matando y lo que persiguen en Colombia.

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