El primer episodio del trastorno mixto de ansiedad

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Continuamos presentando algunos relatos para generar conciencia en la ciudadanía de Ibagué con relación a la salud mental, por eso, desde el equipo de redacción de Ojo Público estamos abiertos al diálogo y a las diferentes expresiones para posicionar éste importante tema en la opinión pública, para que de manera libre de estigmas y prejuicios podamos contribuir al conocimiento de estas enfermedades y trastornos mentales que millones de personas padecen en el mundo.

El primer empleo con pocas garantías

Luego de mucho tiempo buscando trabajo formal en mi profesión, logré encontrar un empleo por 7 meses en una institución del gobierno, no fue para nada fácil llegar allí, por fortuna no fue por medio de un “padrino político” sino por puro azar de la vida.

Todo el proceso de contratación pintaba bien, procedimientos que nunca nos enseñaron en la universidad pero que con el paso de la vida se va aprendiendo sobre estos contratos de prestación por servicios. Uno ingenuamente piensa que encontrar un empleo con el Estado es una garantía para planificar la economía propia, pues me estrellé y desde un inicio nos tocó endeudarnos para poder trabajar, eso de cierta manera para una persona “normal” son cosas que se deben hacer, pero cuando uno padece de trastorno de ansiedad todo se convierte en preocupación exagerada y pensamientos intrusivos catastróficos; en ese entonces mis pensamientos me decían que faltaba algún documento para la contratación y que sin ello no podía obtener el trabajo, así que todo el proceso estuvo acompañado de esa idea que no me dejaba ni dormir porque me sentía muy inseguro, y por supuesto, perder semejante oportunidad de trabajo sería un hecho imperdonable que me llevaría al borde de la tristeza. Por fortuna pude reunir todos los requisitos y firmé mi primer contrato.

Ya en la ejecución del contrato se empezaron a ver un montón de situaciones que me parecían que no eran normales: no se tenía claridad de lo que se tenía que hacer, a pesar de que teníamos estipuladas unas obligaciones contractuales pero que los líderes del proceso cambiaban constantemente; no se tenía la certeza de qué productos se debían entregar; nos saturaban con mensajes por WhatsApp a altas horas de la noche y nos programaban salidas de campo de manera inesperada. Obviamente todos los gastos de desplazamiento y alojamiento corrían por cuenta propia, además del pago de la seguridad social; recordemos que los contratos de prestación por servicios hacen que la persona contratada asuma todos los gastos para la entrega de su producto y así poder recibir su pago.

Todas estas situaciones empezaron a tornarse insoportables en mi cabeza, realmente no sabía si estaba haciendo bien mi trabajo o no. Cuando llegó el momento de la entrega del primer informe quedamos todo el grupo (más de 100 personas) sorprendidas de lo que teníamos que entregar y todo el trámite engorroso para que nos firmaran nuestras cuentas de cobro, todo era un trámite que literalmente nos ponían a correr con carpetas en las manos de un lugar a otro para obtener el aval de quienes hacían las veces de coordinadores, líderes y supervisores, pues bien, todo esto se trataba de la voluntad de ellos si querían o no firmar los informes y cuando decidían no firmarlos nos dejaban sin pago. Así las cosas, pasé con tan mala suerte que fui uno de ellos y ahí tuve mi primer episodio de ansiedad, somatizando mi cuerpo: dolor muscular, hormigueo en las manos, temblores y, sobre todo, un llanto incontrolable, pensamientos negativos de que mis deudas no se iban a poder pagar, que yo era un mal profesional y me culpaba de la situación cuando en la realidad no era el único al que no le habían firmado la cuenta.

Recuerdo muy bien que ese día dos compañeras (que se convirtieron en grandes amigas) me brindaron apoyo, pero no sabían precisamente qué era lo que estaba sucediendo y lo único que pudieron hacer en ese momento era tratar de calmar mi malestar con palabras y abrazos.

Poco a poco pude empezar a respirar normalmente, llamar a un familiar para que me ayudara y me diera la seguridad de que podía tener algo de dinero para continuar trabajando y así poder seguir con esa labor que era el inicio de una pesadilla.

El nombre del autor se encuentra en el anonimato por seguridad.

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