Dato inútil de la semana: Solemos llamar “Anfitrión” a quien nos invita a comer a su casa, pero… ¿de dónde viene ese nombre?

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Por Diego Cárdenas


De las aventuras sexuales de Zeus.

Anfitrión, quien curiosamente era nieto de Perseo, tenía por esposa a la bella Alcmena. Esta no tardó en llamar la atención del loquillo Zeus que urdió una estratagema para consumar sus deseos. Usando sus sobrenaturales poderes para la promiscuidad, el dios padre adoptó la fisionomía de Anfitrión y, haciéndose pasar por este, visitó la casa del matrimonio, se hizo atender como rey y le dio como a cajón que no cierra a la fémina, misma que no sospechó nada (o eso nos dice la leyenda).

Varias comedias se escribieron sobre este episodio (porque había que echarle sal a la herida e inmortalizar los cuernos del pobre Anfitrión), pero fue Molière quien con su picara frase “El verdadero Anfitrión es el Anfitrión en casa del cual se cena” difundió la expresión en Francia, desde donde poco a poco fue adoptando el sentido actual, mucho más gastronómico y menos adúltero (usualmente).

Y usted estimado lector ¿qué tan buen “Anfitrión” se considera?

Fuentes: Diccionario de Mitología Griega y Romana de Pierre Grimal. Historia de la Gastronomía Española de M. Martínez Llopis.

 

Sobre el autor de este disparate:

Arqueólogo de lo impráctico. Magíster en onanismo literario con profundización en divagaciones de letrina. Todavía ve muñequitos.

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